Acusan a autor peruano de usar IA en novela premiada por Almadía
David Silva Rojas ganó el premio Almadía con la novela breve "Donde el agua trabaja"; una investigación sostiene que fue escrita con IA.
David Silva Rojas, abogado penalista e investigador nacido en Ica, Perú, en 1981, ganó en julio pasado el I Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat con Donde el agua trabaja, su primera novela publicada. Este viernes iba a presentarla en Madrid pero la editorial suspendió todos los actos públicos relacionados a la novela.
Una investigación del diario El País afirma que el libro fue producido, “en un 99%”, por Inteligencia Artificial. Para llegar a esta conclusión, los reporteros del diario español usaron Pangram: un modelo de inteligencia artificial especializado en detectar textos e imágenes creados por máquinas. De acuerdo a la publicación, el periódico analizó 175 libros populares en España y concluyó que que uno de cada tres best-sellers autopublicados contiene mucho texto generado con IA.
La acusación no se refiere sólo a la novela publicada y a sus 26 mil palabras. Pangram ha concluido también que el buena parte de las respuestas de Silva Rojas en una entrevista vía escrita y publicada en la revista Ulrica, así como un texto en primera persona publicado en la web de Ventosa-Arrufat, fueron generados por máquinas.
La reacción de Almadía
A través de un comunicado publicado esta mañana, editorial Almadía aseguró que el autor les confirmó “en persona” que no usó IA y que “no tenemos elementos para desconfiar de su palabra”. “Ni al jurado ni al equipo editorial nos pareció que se hubiera usado IA generativa”, añadió. La editorial pidió tiempo para revisar el caso y suspendió la gira por Barcelona, Sevilla y Cádiz.
El jurado lo integraron la mexicana Cristina Rivera Garza, la argentina Selva Almada y Mónica Ojeda: tres autoras prolíficas y reconocidas en el gremio literario –Rivera Garza ganó el Premio Pulitzer 2024 y fue nominada al Nobel de Literatura este año–. El fallo elogió “el uso de los silencios” en la obra de Silva Rojas y “un lenguaje sutil, oraciones breves como el goteo de los regadores en las viñas”.

De ser ciertas las sospechas, significaría que estas tres autoras no habrían sido capaces de detectar que detrás de las palabras de la obra no había un autor sino un software de texto generativo, una señal de la sofisticación de la tecnología.
Las bases del concurso, publicadas en noviembre de 2025 por Almadía y la fundación Ventosa Arrufat, prohibían expresamente el uso total o parcial de IA y establecían la descalificación ante cualquier indicio. El premio consistía en 20 mil euros que se disputaron dos mil 204 manuscritos.
La IA en todos lados
Los detectores de inteligencia artificial no son infalibles. Sin embargo, no deja de parecer distópico que sea justo un software que funciona con inteligencia artificial lo que determine si una obra de arte fue manufacturada con inteligencia artificial.
La novela de David Silva Rojas premiada por Almadía no es el único caso en el mundo literario que ha sido acusada de utilizar la IA como principal insumo. Otro caso reciente es el del escritor haitiano-canadiense, Thélyson Orélien. Su novela C’était ça ou mourir, fue acusada en septiembre, lo cual derivó en la ruptura de Les Éditions du Boréal tras detectar “rastros de marcadores de IA en los metadatos de algunos documentos”. “Estuvimos confiando en Thélyson Orélien, que nos aseguraba que nunca había recurrido a ella. Esa afirmación ha quedado hoy desmentida”, declaró la editorial.
El debate excede el caso literario: la Inteligencia Artificial inunda hoy el ámbito académico. Instituciones como el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) se han planteado nuevas formas de evaluación para evitar que los estudiantes se apoyen en la IA durante exámenes y trabajos escritos: exámenes orales, portafolios semestrales, proyectos grupales presenciales y modificar por completo la idea de calificación. Otros han optado por la escritura a mano.
Y es que delegar el juicio de qué está escrito o no con inteligencia artificial a otra inteligencia artificial suena, a todas luces, a una renuncia; no son pocos quienes señalan que este tipo de análisis arroja falsos positivos, lo cual merma la moral de quien es juzgado, al tiempo que se erosiona la confianza en el criterio humano.
En el caso de la investigación de El País que concluye que la novela breve de David Silva Rojas fue construida con IA, el mismo medio advierte que el software Pangram “no es infalible”. Sin embargo, y de acuerdo a la empresa, su tasa de falsos positivos es de uno por cada 24 mil textos humanos. El diario hizo una prueba con 56 libros publicados entre 2019 y 2020 sin que arrojara señales de uso de IA.





